NIÑO CON BAJA AUTOESTIMA....ADULTO OBESO
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Abstract (resumen) del artículo original: |
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Introducción La obesidad y la ganancia de peso se relacionan con un peor estado de salud. Los autores diseñaron un estudio para comprobar si los problemas emocionales de la infancia y la percepción de uno mismo predicen la ganancia de peso en la edad adulta. Métodos Se recopilaron datos de aproximadamente 6.500 individuos provenientes del estudio británico de cohortes de nacimiento de 1970. Esta muestra es representativa de la población nacida en Gran Bretaña en 1970. Se midió el índice de masa corporal (IMC) a la edad de 10 años y al cabo de 20 años (es decir, cuando los sujetos tenían 30 años). Los problemas emocionales en la infancia se codificaron mediante la escala de Rutter B y mediante cuestionarios autoadministrados. La autoestima se midió utilizando el cuestionario LAWSEQ, y el locus de control se midió mediante la CARALOC. Resultados Los problemas emocionales durante la infancia (medidos con la escala de Rutter) predijeron la ganancia de peso únicamente en las mujeres, y estos resultados se produjeron de forma independiente al valor del IMC durante la infancia, el IMC de los progenitores y la clase social. Utilizando la misma metodología, la autoestima durante la infancia predijo ganancia de peso tanto en hombres como en mujeres, si bien el efecto fue superior en estas últimas. La presencia de locus de control externo predijo ganancia de peso tanto en hombres como en mujeres. Conclusiones Los problemas emocionales, la baja autoestima y la presencia de un locus de control externo durante la infancia son factores predictores de obesidad en la edad adulta. Este hecho tiene importantes implicaciones clínicas, ya que señala diversas vías estratégicas para realizar estretegias de intervención precoz que contribuyan a combatir la epidemia de obesidad que sufre la sociedad actual. Terminología En primer lugar, permítanos el lector definir algunos términos para ayudar a comprender este artículo:
Comentario Sin duda, este es un artículo que no nos ha dejado indiferentes. Por una parte nos sorprende, y por otra captamos la lógica subyacente. Hoy en día sabemos que el índice de masa corporal (IMC) está relacionado con diversos factores psicológicos y emocionales, como la depresión y la ansiedad (1-3). Se trata de un estudio con una metodología bien diseñada, en el que participaron nada menos que 6.500 niños de 10 años a los que se consiguió "perseguir" al cabo de 20 años para veriguar su IMC cuando tenían 30 años. Por otra parte, es importante recordar que los autores introdujeron en el modelo estadístico multitud de factores con la finalidad de evitar que alguno de ellos sesgara sus resultados (por ejemplo, tuvieron en cuenta el IMC en la infancia, que ya de por sí es un importante predictor del IMC en la edad adulta, y comprobaron que los resultados obtenidos eran superiores a lo estadísticamente esperable). Los autores mencionan la posibilidad de que existan influencias bidireccionales, es decir, que la autoestima influya en el peso pero también el peso influya en la autoestima. Sin embargo, los resultados indican claramente que la presencia de una baja autoestima en la infancia (concretamente, alrededor de los 10 años de edad) contribuye de forma importante al riesgo de presentar obesidad en la edad adulta. Los resultados respecto al locus de control son asimismo interesantes. Lo niños con un locus de control externo (es decir, aquellos que tienen la sensación de que es el entorno y no ellos quienes determinan su vida) presentaron un mayor riesgo de obesidad en la edad adulta. Una explicación plausible sería que, dado que estos niños tienden a pensar que son las circunstancias (y no ellos mismos) quienes determinan su futuro, presenten menos motivación para incorporar un estilo de vida saludable, hábitos dietéticos adecuados, etc. (4,5). En este sentido, una buena educación y la detección a tiempo de este tipo de patrones emocionales podría ser de gran ayuda para el niño.
REFERENCIAS
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